Poesía cubana del siglo XX: una muestra de Zócalo Poets: junio de 2016 / Twentieth-century Cuban poetry: a selection from Zócalo Poets: June 2016

"The battle of ideas continues..." / "La batalla de ideas continua..." Foto © Peter W. Davies_Cuba 2011

“The battle of ideas continues…” / “La batalla de ideas continua…” Foto © Peter W. Davies_Cuba 2011


Damaris Calderón: “Ésta será la única mentira…”

Holguín_Cuba_mayo de 2016_Al fondo del Museo La Periquera
Damaris Calderón (nace 1967)
Con el terror del equilibrista
.
…las aguas del abismo donde me enamoraba de mí mismo (Quevado)
.
Sobre el espanto del pozo
siempre pensé tocar el agua.
Nunca lavar las manos,
no mancharlas.
Sólo el pozo y mi sed.
Nunca las viejas bocas
ni los baldes usados en balde.
No el agua que titila
su confortable techo
y toda la pasión de sus ahogados.
Nunca
el ojo contemplativo.
Todo esto lo digo
con el terror del equilibrista.
. . .
Ésta será la única mentira en la que siempre creeremos
.
a fuerza de admitirla tantas veces.
Hoy
alguien intentará leer el ojo de un vecino
con el fin de saber si la tristeza
(esa muchacha indócil que va escupiendo amor)
es una amiga sádica de siempre
o un pez muerto nadando en la garganta.
Sería difícil disfrazar la felicidad.
(A ella siempre le quedaría corrido el maquillaje.)
Pero de todos modos tendrás que perdonarme
que no te ladre amor junto al oído.
Podrían despertarse muchos muertos
que están bajo nosotros.
.
Es una historia triste
jugar a ser perfectos.
. . . . .

Odette Alonso: La ciudad dentro del poema

Mi sombra en la pared bajo el puente_Toronto_junio de 2016

Odette Alonso (nace 1964)

Extraños en la ciudad

.

Ellos nos vieron con sus ojos de vidrio

algo nos delataba

nos declaraba inmunes

éramos dos extraños en la ciudad neutral

y los sabían.

Qué podían hacer

las ciudades neutrales son un banco de arena indiferente,

una llanura virgen.

Nadie levanta su dedo ante el viajero

nadie acusa al que pasa sin dejar una huella.

Ellos nos vieron

así nos desnudamos en todas las paredes

nos sacamos el alma como una tela blanca

y sonreímos.

Qué suerte los extraños en la ciudad neutral

Qué suerte el horizonte de breve promontorio.

Así debiera ser la libertad

un desandar las calles y luego el cuerpo amado

sin el ojo pendiente ni la señal de alarma.

La paciencia nos trajo

La paciencia que acaba al medio del domingo.

La paciencia son dos que esperan para amarse

otra ciudad neutral donde nadie los sepa

donde ningún vecino y ninguna ventana

donde todos nos miren con sus ojos de vidrio.

. . .

Llanto por la ciudad cuando me alejo

.

Qué sola te quedaste,

mi madre, con tus huesos (Eliseo Diego)

.

Qué culpa tiene madre

con tanto orgullo y tanto título en la frente

de que sus hijos huyan para hacerse crecer.

Qué culpa tiene la pobre de los muros

del que se eleva sobre su cadáver

y le vacía el alma.

Oh ciudad

cuánto amor se me cae

qué triste te me vuelves entre tanta montaña.

Qué sola estás.

A qué manos entregaste tu vejez

con qué artificios te cubren el semblante.

Cómo es posible ciudad

cómo es posible

este patriótico olvido en que te dejan.

. . . . .


Habaneras Ellas: poemas de Juana Rosa Pita, Minerva Salado, y Elena Tamargo

Vista de La Habana desde El Cristo_foto © Altervista punto org

Juana Rosa Pita (nace 1939)
Ciudad de mis ojos
.
Las campanadas tienen duende
y las fuentes son nómadas.
Los árboles extienden su cultura
con la amistad del hombre
y se hacen confidentes, marineros.
.
Hablo de la ciudad muy bien mirada
por ti: inventada hasta el colmo.
.
Aquí se da cobijo a los que se aman
y se desacralizan los relojes.
No hay violencia ni incuria:
un caballo dará paso a un cangrejo
aunque no anide mar el horizonte.
.
Hablo de la ciudad con mirador
hacia todas las otras.
. . .
Perspectivas
.
No es ver la luz lo original:
el que la luz nos vea
resulta imprescindible para amarnos mejor.
La soledad es transitiva:
.
los cauces de la angustia
confluyen en la fuente donde
Dios bebe al anochecer de nuestras manos juntas.
No hay distancia:
.
si podemos hacer viajar a un árbol
¿por qué los pensamientos quedarían encallados,
remotos de su destino en otros pensamientos?
.
No es vivir lo esencial:
el dejarse vivir por lo que vibra
en nuestro breve tiempo
fortifica la plaza para siempre.
. . .
Pertenencia
.
Mi país es un árbol de lluvia,
isla de fuego en flor,
un pequeño Infinito,
cantor de arcanos y alegrías.
.
Mi país es tu abrazo, tu palabra,
tu fantasía, tu sueño, tu presencia;
señor de la tormenta,
mi país en ti despierto, duermo y vivo.
.
El puerto de mis manos y mis rosas,
mar abierto de todos mi deseos,
aire de mi silencio,
música callada de mi país,
hombre encino
el corazón meciéndose entre sol y luna,
mi país me espera…
. . .
Minerva Salado (nace 1944)
Poema a perpetuidad
.
La eternidad es este instante en que cubro tu mano con la mía.
La eternidad es una sábana extendida húmeda tras el amor
y aquel vocerío que nos ensordece
cual buitres sobrevolando una costa y la otra.
La eternidad es tan efímera como el cruce de una estrella desvelada
a través del espejo.
No tiene la infinita dimensión que le dimos
y es sólo un fugaz rayo en medio de las sombras,
una luz que aferramos por un tiempo
y se extinguió después entre los dedos.
La eternidad
no es más que un minuto, tal vez un breve instante,
la frase que pronunciamos sin aliento,
el destello de un beso,
ese espacio en que cabe la palabra siempre
y que me sientas tuya en el círculo concéntrico
que se nombra eternidad y que termina.
. . .
Oráculo
.
El amor es un templo al que hay que entrar
con miel de las abejas en tus manos
preparado para el acíbar de todos los días
y la música de la naturaleza estallando en las sienes.
El amor es un riesgo por correr
acecha en los buenos momentos
y en los peores
es una herida por rasgarse.
.
No hay eficiencia en el amor,
ni lluvia pertinaz,
ni buenas tardes cada día;
las matemáticas no existen
y esperan por él todas las viudas
las vírgenes del planeta.
.
El amor es una cuenta mal sumada
escapa como paloma
se pone el sol y en pleno eclipse
cae la oscuridad sobre el pasado.
El amor es toda inseguridad,
ninguna convicción,
jornadas que transcurren como años
a la espera del otro,
en la llamada de su propio
único corazón;
diferente,
intacto para ti,
tuyo en la lealtad,
en el susto por el tiempo que pasa.
.
Hay que empujar la puerta
sin mentiras,
sin miedos.
.
El amor es siempre un peligro.
El amor es un templo que hay que abrir.
. . .
Elena Tamargo (nace 1957)
Habana Tú
.
Y hoy está crecido el mar
no es que la marea suba por un hecho natural
es que llora Yemayá. (Juan Formell)
.
De niña, entre las grietas de la tierra
buscaba en ti mi aurora
a semejanza mía, a semejanza tuya
cuerpo oscuro y esbelto de mi sueño.
Puras ante la espera las imágenes
emisarias de la tarde que caía
pegada a su horizonte.
Tenías en secreto tu espigón de metales
inclinada en tu borde, busco el ancla perdida,
te busco en el regreso, estás llena de pájaros,
vuelve a secar tus manos y cuéntamelo todo.
Era esto el abandono y lo sabías.
Óyeme estos lamentos que me salen ardiendo,
yo sólo te deseo,
la sombra de aquel tiempo en ti misma entrevista
con inútil ternura –
y tú me dabas fuerza
rendida y dócil como el mar sabe serlo.
Aquel concilio que tantos han cantado
sin una urgencia propia como ésta de este instante.
Tampoco fue tu culpa si no les comprendiste la amargura
faltándoles la leche y el abrigo –
te lo dieron todo, vida que no pedías.
. . .
Habanera Yo
.
Soy otra vez muchacha en el invierno
y nadie me regala una gardenia.
Pero al regreso de mis lunas
ahíjo taciturna del fondo de la calle
casi feliz, aletargada
bajo esta piedra roja.
Retozo como un campo de caña florecido
es la herencia adecuada de una mujer despierta
un sueño desprendido del cuerpo que lo ha usado.
Los lirios de Rosita
mis únicos testigos
esperan la lechuza
en el silencio mío del oeste.
Vuelvo en la medianoche de este invierno
acércate a escuchar mi tambor y mi oboe
acércate con riesgo de hechizarme.
Ciudad, ciudad
no mates mi manía de ser bella
de pasearme desnuda y cepillarme el pelo.
Ciudad con pajaritos y cisternas
el probable lugar donde acabó una historia.
Ay, mi ciudad
mi pasto
mi sitio recurrente
a la hora en que duermen las palomas.
Ciudad que has bendecido mis vigilias
arrástrame hacia el mar
sin farolas ni víctimas
con algas en mi pelo
y en tu pelo sal.
. . .
Fragmentos de La Habana
.
Pensar, robar, gozar
todo un único espasmo.
Arpegia y pica, Lázaro.
Salta de los tejados cuando nadie te vea
y muestra el interior de la sonata.
Aquella criatura desenfrenó la nada.
Es la maldad tan natural lo que te bambolea.
Veo tu insomnio a su manera
veo el disco girar y a los hombres
veo charcos, tranvías,
veo enormes pedazos de La Habana.
A los negros los veo
resonando a sus pies el toque de los siglos.
Negros espirituales.
Blanco el mantel del primer desayuno
blanco mi abuelo
blancos en el exilio, desconcertados,
borrachos de blancura,
blancos los hospitales,
negro mi cuerpo en el primer amor.
Llegan las mariposas a confirmar que ardí
y me dejan besando su jadeo
la inútil ceremonia
junto al candil oscuro.
. . . . .

Luis Rogelio Nogueras: “Canta” y “Pérdida del poema de amor llamado Niebla” / “Sing!” and “The loss of a love poem entitled Mist”

Detalle de un mural en hierro y bronce sobre el cuento histórico del pueblo cubano_Plaza Marqueta_Holguín_Cuba_mayo de 2016

Luis Rogelio Nogueras (1944-1985)

Canta

.

Canta, amigo mío, la canción de mañana.

Mira el crepúsculo, escucha el viento

que barre la gran plaza asoleada donde

anoche nos reunimos para oír los más hermosos discursos.

Ven, canta una canción que se escuche en el confín del mundo;

una canción que sea al mismo tiempo

un canto de guerra y un canto de cuna,

un himno y un íntimo, delicado canto de amor.

Amigo mío, ven y canta el instante en que

la mañana más hermosa de la vida calienta las corazones;

canta al mar,

a la Revolución,

al rostro de esa muchacha que hunde los dedos en la tierra de tu alma

– y siembra una semilla.

Canta a la noche y canta a los martillos

que cuando amanece

comienzan a golpear el hierro al rojo vivo

para moldearlo a nuestra imagen y semejanza.

Canta al coraje,

al álgebra,

al amor,

al trabajo,

a la dialéctica.

Firma todas las libretas escolares

y endurece tus manos

hombro con hombro

con el fuego.

Escribe el verso de este tiempo, amigo mío,

para que seas un poco el humo que anuncia en lo distante

las grandes siderurgias,

los grandes complejos industriales,

los grandes incendios.

. . .

Luis Rogelio Nogueras (1944-1985)

Sing!

.

Sing, my friend, the song of tomorrow!

Look at the dawn, hear how the wind

sweeps across the grand sunny plaza where

last evening we gathered together to hear the most beautiful speeches.

Come and sing a song that may be heard to the outer limits of this earth;

a song that may be all at once

a song of war, a lullaby,

a hymn and an intimate, a delicate, love song!

My friend, come and sing this moment in which

life’s most beautiful tomorrow warms the heart;

sing to the sea,

and to The Revolution,

and to the face of that girl whose fingers delve into the earth of your soul,

there to plant a seed.

Sing to night, sing to the hammers

that start striking red-hot iron at dawn,

molding it to a resemblance of ourselves.

Sing to courage,

to algebra,

to love,

to work,

to dialectics: the battle of words!

Finish with / sign off from your scholastic notebooks

and, shoulder to shoulder / side by side,

harden your hands to the fire!

Write poetry about this time, my friend,

so that you might be but a curl of vapour announcing, far off,

the big iron foundries,

the great industrial complexes,

the grand conflagrations!

. . .

Pérdida del poema de amor llamado “Niebla

(para Luis Marré)

.

Ayer he escrito un poema magnífico

lástima

lo he perdido no sé dónde

ahora no puedo recordarlo

pero era estupendo

decía más o menos

que estaba enamorado

claro lo decía de otra forma

ya les digo era excelente

pero ella amaba a otro

y entonces venía una parte

realmente bella donde hablaba de

los árboles el viento y luego

más adelante explicaba algo acerca de la muerte

naturalmente no decía muerte decía

oscura garra o algo así

y luego venían unos verso extraordinarios

y hacia el final

contaba cómo me había ido caminando

por una calle desierta

convencido de que la vida comienza de nuevo

en cualquier esquina

por supuesto no decía esa cursilería

era bueno el poema

lástima de pérdida

lástima de memoria.

. . .

The loss of a love poem entitled “Mist

(for Luis Marré)

.

Yesterday I wrote a magnificent poem;

(pity, I’ve lost it – don’t know where.)

Now I can’t recall it;

but it was superb.

It was saying, more or less,

that I was in love;

it said it, of course, in another way;

I’m telling you now, it was excellent!

But she was in love with another man…

And then came the really beautiful part

all about the trees and the wind –

and further along it explained something about death

(it didn’t say death – naturally – it said the dark talon or something to that effect).

And later came some extraordinary verses,

and approaching the ending

it recounted how I’d walked along the empty street,

convinced that my life could begin anew – on whichever street corner.

It didn’t put it in such a cheesy, affected way (of course);

it was a good poem.

A pity, that loss.

Pitiful memory.

. . . . .


Nancy Morejón: Amor y la jaula feroz

Denis Nuñez Rodríguez_nace 1967: Derrumbe parcial_Grafito sobre cartulina

Denis Nuñez Rodríguez_nace 1967: Derrumbe parcial_Grafito sobre cartulina

Nancy Morejón (nace 1944)
A un muchacho
.
Entre la espuma y la marea
se levanta su espalda
cuando la tarde ya
iba cayendo sola.
.
Tuve sus ojos negros, como hierbas,
entre las conchas brunas del Pacífico.
.
Tuve sus labios finos
como una sal hervida en las arenas.
.
Tuve, en fin, su barbilla de incienso
bajo el sol.
.
Un muchacho del mundo sobre mí
y los cantares de la Biblia
modelaron sus piernas, sus tobillos
y las uvas del sexo
y los himnos pluviales que nacen de su boca
envolviéndonos sí como a dos nautas
enlazados al velamen incierto del amor.
.
Entre sus brazos, vivo.
Entre sus brazos duros quise morir
como un ave mojada.
. . .
ArdidA
.
Si vienes, iré cortando los caminos
que nos dejaron
la pesadumbre y la distancia.
Todos creerán que iré también
a colocarme en el rincón
de los sollozos y escribir un poema
a la esperanza del amor.
Nunca sabrán que eché a volar
hace ya tiempo
y que tú no me alcanzas.
. . .
Jaula feroz
.
Viniste.
Te empujaron las olas hacia mí.
Llegabas
como un pájaro amigo
recién salido de su jaula feroz.
La arena blanca es tuya
cuando deambulas
hacia el camino principal del amor.
. . . . .

 


Poetas cubanos [nacidos en Holguín] escriben del Amor

Carlos Luna: The Lovers_Los Amantes

Carlos Luna: The Lovers_Los Amantes

.

 

Lalita Curbelo Barberán (nace 1930)
Del amor
.
Tanto se ha amado ya, y aún queda tanto
por amar
que puedo
largamente estirarme hasta el momento
de tus ojos perpetuamente abiertos.
Tanto se ha dado ya y aún queda tanto
por dar
en esta hora en que el amor es tu voz
o tus cabellos.
.
Por eso es que aprendemos los silencios
y las manos se encuentran.
Mañana quizás queden en la tierra
nuestros huesos deshechos
pero ahora se ama todavía
y la esperanza rompe toda niebla.
. . .
Ven, amor
.
Ven amor, acomete contra mi
cuerpo que te espera,
bésame dulce como si bebieras
todo el amor que te nombre
en todos los momentos.
Que cada día el amor sea más
generoso y hondo,
más arrojado y de relámpago
de fuego.
Ven amor, vamos a morir de la
agonía de amarnos.
Deshójame como tú quieras.
Ámame.
Que cada día continuemos
en este amarnos mucho
y que caiga mi amor
hasta tu vida.
Ven amor, transítame
y enférmame de ternura
y fuego.
. . .

Alberto Rocasolano (nace 1932)

Yo te conozco, amor

.

Si del amor se trata, no es suficiente un sol para hacer todo el recuerdo y sellar la promesa de otro inicio; un mismo sábado no basta para darle a los pájaros su nombre y suscitar el júbilo del aire, del frescor que bordea cada hoja, donde la luz revive y ramifica cada sonido muerto y húmedamente se atropellan las palabras: las elegidas para hablar en el crepúsculo cuando la tarde desperdicia el oro con que podríamos comprar la eternidad.

.

La vida exige y no perdona, suele aceptar a veces, permite que se posen nuestros ojos sobre su carne más variable, ávida de que se cumplan los deseos, que se desboquen los instintos, que extrañamente dependamos del envío de la luna cuando el caballo con su olfato despierta una leyenda y uno ventea los huesos de la sombra o desconfía de sí mismo, o quiere conocer y no pregunta y sorpresivamente mira con recelo a la inicial que fue situada en el final y siempre se hizo tarde su llegada.

.

Porque en amor no hay letras para el fin, sólo esa parte azul que puede más que la ceniza y que, aun trizada, alienta, permanece, entra en el lance doblemente largo de ser y desnacer, de dar la muerte para hacer la vida…¡Yo te conozco, amor, y tengo miedo!

. . .

Magaly Sánchez (nace 1940)

Mujer que espera en el parque

.

Él no vendrá.

La cita era a la hora del sol

y de los niños en el parque;

y ya la noche no deja ver

el rostro de la estatua.

.

Pero ella no parece esperar

sino que mira

el silencioso crecer de los rosales

sino que palpa

la soledumbre del lugar.

.

Tiene, eso sí,

un ligero temblor en las manos

(apenas perceptible)

y una atolondrada manera de fumar

que la denuncia.

. . .

Confusión

.

No fueron de los que más se amaron.

Se compadecieron simplemente uno de otro

porque sabían que la vida resplandecía a veces

pero también que daba duros golpes

hasta en las espaldas más inocentes.

Planearon el porvenir como un pacto,

un apasionante episodio

en el que si uno caía el otro le tendería las manos.

Eran cobardes, sí, pero bondadosos,

y creyeron firmamente que aquello era el amor.

. . .

Entre las horas

.

Ella está entre las horas frente al mar, y llueve.

Un hombre joven le hace señas para que comparta su mesa –

unas cervezas, una conversación a elegir.

Después, una aventura junto al puerto;

esto as así. Y ella ve grandes pájaros sobre el mar,

barcos neblinosos andando lento,

un nombre muy querido nevegando en las aguas…

hasta que alguien dice su nombre en voz alta

y ya no sueña.

. . .

Se olvida de mí

.

Se olvida de mí;

le sabe mejor el aire lejos de mi sombra.

Le fatigan los sueños que me cargo:

el poco apego por mi nombre,

mi amor por lo otros,

mi seguridad (dice que incongruente) en el futuro.

Pide cartas de trinfo sobre la mesa,

que no pronuncie más palabras,

que amarren a la lucha y la fatiga,

y atraviese el tremendo mar de la Revolución

en barca de oro, y abanicándome:

Quiere que me muera y que me pierda.

. . .

Renael González (nace 1944)

Fotos, cartas, papeles

.

Aquí están, amor mío, como en mieles

que el tiempor sin piedad no ha corrompido,

tus palabras de luz y de sonido

dormidas en la piel de estos papeles.

.

Aunque ya no eres tú

dejo que vueles hacia el país brumoso del olvido –

un viento sin edad vuelve a mi oído

con tu risa de alegres cascabeles.

.

Si un ermitaño del amor he sido

o en cada primavera he florecido

o es mi corona espinas o laureles,

.

yo no lo sé, mas, digo, convencido,

que hasta en la luz de un nuevo amor vestido,

por la sombra que dejas, aún me dueles.

. . .

Delfín Prats (nace 1945)

Pero en el viento su rumor llegaba

.

Ámala,

pero ámala como si todo hubiese concluido y pasado,

como si desde el futuro más remoto

recordaras el vino de tus mejores años:

el verano de mil novecientos ochenta

el catorce de abril

cuando fue tuya

en un hotel cercano del mar

cuyas ventanas no daban al mar

pero en el viento su rumor llegaba

y ella venía a ti como una ola

muriendo a las orillas de tu cuerpo.

. . .

Albis Torres (nace 1947)

Hay gentes tan desgraciadas…

.

Ella fue la mujer a quien quiso

y traerla a casa, la primera alegría de su vida.

Hacía gallinas de papel.

Las hacía como si nada

conversando, pensando.

Él miraba moverse aquellas manos tan queridas

y sacar de la nada alas, crestas

y una cola que hacía agitarse y crujir

al ave imaginaria.

.

Todo parecía tan simple.

.

Cuando ella se fue

trató muchas veces de repetir el milagro

dobló y desdobló papeles, tal vez pensando

que si daba sólo con una de aquellas pajaritas

regresaría atraída por el conjuro.

.

Parecía tan simple.

.

Su último intento fue a dar al cesto de la basura

reducido a una triste bolita de papel.

.

Fue entonces que entendió que su mujer

estaba hecha de muchos dobleces,

de un mecanismo mudo que la hacía aletear

sin una idea exacta de vuelo.

Intento mecánico de ganar altura

siempre que se le tirara con buen tino de la cola.

Y la olvidó para siempre.

. . .

Ciencia ficción

.

Y si llegara un hombre verde

y si llegara un hombre verde

y si llegara un hombre verde o azul

en una nave.

Y se llegara.

.

Qué diría de mí, tan despeinada

sin adornos ni gracia.

Qué diría de todos por mi culpa.

. . .

Mamá está en el balcón

.

Una vez estuve enamorada.

Era un muchacho dulce,

tenía las orejas pálidas y llenas

de unas pecas que me provocaban erizamientos.

Entonces también yo era adolescente.

.

De esto hace mucho tiempo.

Su rostro no aparece

en los rasgos de mis hijos.

Su foto no está en el álbum familiar

y nadie lo recuerda en la mesa.

No hay una sola taza

en la que haya puesto sus labios.

No obstante

cuando los míos se acomodan

frente al televisor

acude a la baranda

y sus manos

rozan con un poco de horror las mías

que ya no son hermosas.

 . . .

Mayda Pérez Gallego (nace 1948)

Santiago

.

Recuerdo mis diecinueve de Santiago

y becas de peñas

café bien fuerte en la Isabelica,

pero también Santiago

el de los callejones húmedos y la poesía del mar.

A solas contigo, compañero,

en la barbacoa que a nuestro gusto arreglamos

llena de affiches, consignas,

fotos y escritos del Che

catre en el que apenas cabíamos, pero sobraba,

para que me leyeras a Otto René

Vallejo

Neruda

para que aprendiéramos a conocernos y

hacer el amor

sin reglas ni recetas

herirnos y llenar de lágrimas la almohada y luego

besos

firmar la paz o la tregua

y por fin

en el vientre

la patadita risueña del hijo.

. . .

Certidumbre

.

Lo sabía:

dos iniciales menos

y otro amor engavetado.

. . .

Ahora y hasta

.

Quiero que esté conmigo ahora que llueve.

Abrazarte hasta mañana, pasado, un ratico.

Abrazarte tan ola que te irrites

Tan sol que te ardas

Tan guerra que te rindas.

Quiero que estés conmigo ahora y no tan simple.

Hasta el cansancio agradecido y el cigarro

Hasta la cama revuelta y mi voz después en calma:

Hasta otra lluvia, amor.

. . .

Alejandro Fonseca (nace 1954)
Poema para María
.
Cuando más segura quien la tiene,
tiene humo, polvo, nada…(Lope de Vega)
.
Todo fue fácil al comienzo en aquella habitación;
éramos alegres animales que buscaban su fondo.
En medio del calor de los meses
perdimos el miedo de poseernos.
Había una piel para tocar mi cuerpo,
un sitio seguro donde discurrir los días
y yo conforme con tu aliento y tú con el mío,
olvidamos ciertas privaciones.
Pero al final de todo fue en vano;
el amor quedó suspenso como un punto de humo,
imposible de compartir.
. . .
Bajo un cielo tan amplio
.
Después de haber amado el paisaje claro de un cuerpo,
de abandonar el deseo en las extensiones largas de sus muslos,
después que ha partido hacia una dirección inexacta,
qué nos puede proporcionar la noche
y en el cuál de sus tantos espacios
encontraremos el ansia pasada,
si a esta hora sólo quedan los ruidos incoherentes de la ciudad
y el rumbo casi estricto de las calles
conduciéndonos a la casa;
a la casa siempre enclavada en un verano sigiloso
donde las plantas transpiran y su quietud asusta.
.
La oscuridad no contiene un pájaro dorado
ni un ademán azul y alegre creciendo ante nosotros.
Únicamente se reciben las mansas,
las difusas imágenes en los contornos,
en este inmenso vacío
en el que no habrá de nuevo el paisaje claro de un cuerpo
a pesar de estar, de habitar bajo un cielo tan amplio.
. . . . .