Hojarascas: poemas de otoño – poemas de amor
Posted: October 22, 2015 Filed under: Spanish Comments Off on Hojarascas: poemas de otoño – poemas de amorUnámonos y hagamos hojarascas
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Tómame de tu mano, no me sueltes,
llévame a la vereda junto al río,
quiero saciar mi sed al lado tuyo
y vivir junto a ti… este amorío.
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Tómame de tus ojos entre las sombras,
guíame con la luz de tu mirada
el camino esta lleno de acechanzas,
y si tú vas conmigo, no me dañan.
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Envuélveme en tu aliento, la noche es fría,
mi alma encuentra abrigo en tus adentros,
hay música y perfume allá en tu estancia,
y paz, hermosa paz en tu silencio.
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Abrázame en tu piel, ¡Oh niña hermosa!
no hay tez más tersa que la de tu cara,
ni suavidad mas seda que tu envoltura,
estuche de petunias y de malvas.
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Elévame en tu voz por las alturas,
y en tu celeste canto dame calma,
que no hay mas tierna y dulce melodía
que el escucharte a ti en mis mañanas.
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Ámame con todo el ser, hasta el cansancio,
esta la eternidad, nos sobra tiempo,
dame todo tu amor, toda tu vida
y andaremos surcando el universo.
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Amor no creo que es mucho lo que pido,
pues tú eres suave brisa y yo soy viento,
unámonos y hagamos hojarascas
nuestra cama será la piel del cielo.
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Gabriela Ponce (México)
De otoño y hojarascas
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He pintado los tonos de mi sombra
con el color sereno de tu mirada
en tonalidades de otoño y hojarascas.
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Tu mirada de cristales transparentes
donde puedo asomarme
al jardín etéreo de tu alma.
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Por eso cuando callas
solo habla tu mirada,
donde se respiran aromas suaves
en la cercanía de tu aliento.
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Quiero escucharte en mi silencio,
en un solo sentimiento.
Y la memoria no tiene recuerdos previos,
solo una manifestación de interés renovado.
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En tu escena sin saberlo
con mis mejores líneas,
la cordura es solo poesía.
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Dentro de mi sueño eterno
con tu voz susurrando a mi oído
en el lenguaje perfecto.
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Marchena (Costa Rica)
Hojarasca
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Como lluvia de hojarasca
naufrago
despojada de alas
sin raíz
sin tiempo
con mirada larga
vestida de fracaso
atraida por el viento
al igual que la hojarasca
volando locamente
me presiento mañana
encallada
en un rincón.

Gustavo Emilio Bonacci (Argentina)
Hojarasca
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La hojarasca otoñal tembló
al verla placida llegar,
la apuesta se redobló
sin el deseo de dialogar.
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El miedo se apoderó
de aquel suspiro inmortal,
y aquel beso abanderó
un destino de amantes fatal.
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Dos caminos paralelos
un bosque rojizo unió,
envuelto de dulces vuelos
la pasión los endemonió.
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Vidas armoniosas cayeron
en el infierno de una divina comedia,
cuando los tiernos oyeron
los gritos de una tragedia.
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Robert Frost: “No hay nada de oro que puede durar”
Posted: October 16, 2015 Filed under: English, Robert Frost, Spanish, ZP Translator: Alexander Best Comments Off on Robert Frost: “No hay nada de oro que puede durar”Robert Frost (1874-1963)
No hay nada de oro que puede durar (1923)
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¿La primera verde de la Naturaleza?
Eso es dorado – con
su tinte más terco guardar.
Su hoja precoz es una flor,
pero solo vive una hora.
Pues hoja se hunde, hoja por hoja;
y el Edén al luto se hundió.
Y el alba baja a cada día
– no hay nada de oro que puede durar.
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Robert Frost
Nothing Gold Can Stay (1923)
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Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.
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Erica Jong: “Punto de vista otoñal”
Posted: October 15, 2015 Filed under: English, Erica Jong, Spanish, ZP Translator: Alexander Best Comments Off on Erica Jong: “Punto de vista otoñal”
Erica Jong (n. 1942)
Punto de vista otoñal
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Ahora, asentándome, con cajas en el piso,
y la radio sonando a las paredes vacias,
ganchos para cuadros dejados encallandos
en los cuadrados sin tachas donde estuvieron pinturas.
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Y hay algo que nos recuerda que
este día es como todas las otras mudanzas.
Es el hallazgo de las sobras sucias de la vida de alguien otro:
pelo caído en el lavabo,
el hueso de un melocotón,
y cerillos quemados en el rincón.
Son cosas no preservadas pero nunca escobadas fuera
– como fragmentos de sueños alarmantes que
nos tropezamos todo el día…
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En ordenar nuestras vidas, las desechamos,
fregamos limpias las duelas de esta casa – nuestro hogar –
en caso de que el desecho de las vidas que no hemos llevado
se vuelva – por una manera rara y aterradora – lo nuestro.
Y tenemos planes que no tolerarán nuestros temores
– un año compuesto como cuartos en una nueva casa,
las copas polvorientas ahora enjuagadas,
los jarrones llenados,
los libreros combandos con libros pesados del invierno.
Mirando al cuarto en su estado de siempre-ser,
nos contentamos con pasar el plumero y con la expectación.
Regresaremos aquí de las calles oscuras y silenciosas,
nuestros brazos llenos de libros y provisiones,
ansios como siempre estamos en el invierno,
y buscando La Buena Vida que hemos hecho.
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Me miro, en ese tiempo: tensa, solemne,
en tacones que pellizcan,
no disfrutando la luz de metas cumplidas,
pero mirando al pasado – a ahora –
y veré a una chica en huaraches
– perezosa, quemada –
parada dentro de un cuarto escueto,
rica con promesa y con sensaciones envidiosas.
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Ahora nosotros planeamos, y retrasamos, y avanzamos al porvenir
– casi como, cuando el cuarto nos contendrá
(con todo nuestro cachivache atesorado) –
habremos rellenado cualquier hueco que nos obliga a vagabundear,
descontentos en nosotros mismos.
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El cuarto no cambiará:
alfombra, sillón, nuevas capas de pintura
– estos no harán ninguna diferencia.
Nuestros ojos son caprichosos
pero quedamos iguales debajo de los bronceados:
pálidos, asustados, y
sonando nosotros mismos hacia atrás y hacia adelante,
dentro del Tiempo,
y sonando nuestros seres sonandos.
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Quedo a la espera de verme
mirando hacia atrás.
Erica Jong (born 1942)
Autumn Perspective
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Now, moving in, cartons on the floor,
the radio playing to bare walls,
picture hooks left stranded
in the unsoiled squares where paintings were,
and something reminding us
this is like all other moving days;
finding the dirty ends of someone else’s life,
hair fallen in the sink, a peach pit,
and burned-out matches in the corner;
things not preserved, yet never swept away
like fragments of disturbing dreams
we stumble on all day. . .
in ordering our lives, we will discard them,
scrub clean the floorboards of this our home
lest refuse from the lives we did not lead
become, in some strange, frightening way, our own.
And we have plans that will not tolerate
our fears– a year laid out like rooms
in a new house–the dusty wine glasses
rinsed off, the vases filled, and bookshelves
sagging with heavy winter books.
Seeing the room always as it will be,
we are content to dust and wait.
We will return here from the dark and silent
streets, arms full of books and food,
anxious as we always are in winter,
and looking for the Good Life we have made.
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I see myself then: tense, solemn,
in high-heeled shoes that pinch,
not basking in the light of goals fulfilled,
but looking back to now and seeing
a lazy, sunburned, sandaled girl
in a bare room, full of promise
and feeling envious.
.
Now we plan, postponing, pushing our lives forward
into the future–as if, when the room
contains us and all our treasured junk
we will have filled whatever gap it is
that makes us wander, discontented
from ourselves.
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The room will not change:
a rug, or armchair, or new coat of paint
won’t make much difference;
our eyes are fickle
but we remain the same beneath our suntans,
pale, frightened,
dreaming ourselves backward and forward in time,
dreaming our dreaming selves.
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I look forward and see myself looking back.
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Richard O. Moore: “Evocación”
Posted: October 14, 2015 Filed under: English, Richard O. Moore, Spanish, ZP Translator: Alexander Best Comments Off on Richard O. Moore: “Evocación”Richard O. Moore (1920-2015)
Evocación
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Agarrando en una estación tarde
a un desplazamiento de mundos,
dentro del equilibrio dorado del otoño,
del amor y de la razón,
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hicimos nuestra paz.
Nos quedamos quieto en octubre,
dentro de la luz decreciente,
y buscamos, uno al otro,
reposo y liberación de un silencio,
y de la condenación lente de una expresión
que es débil y cae del silencio.
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En el sol de octubre,
por el río verde,
hablábamos.
Y en octubre – tarde en octubre –
las hojas de los arces plateados
habían descendido.
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Pero lo que dijimos
– entre las hojas vivas –
estuvo perdido:
presto como la caída de las hojas,
y quebradizo,
y de un rojo sangre.
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Para Kenneth Rexroth, 1950
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Richard O. Moore
A Reminiscence
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Held in a late season
At a shifting of worlds,
In the golden balance of autumn,
Out of love and reason
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We made our peace;
Stood still in October
In the failing light and sought,
Each in the other, ease
.
And release from silence,
From the slow damnation
Of speech that is weak
And falls from silence.
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In the October sun
By the green river we spoke,
Late in October, the leaves
Of the water maples had fallen.
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But whatever we said
In the bright leaves was lost,
Quick as the leaf-fall,
Brittle and blood red.
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For Kenneth Rexroth, 1950
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De / From:
Writing the Silences © 2010, Richard O. Moore & University of California Press
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Carl Sandburg y Rainer Maria Rilke: poemas otoñales
Posted: October 9, 2015 Filed under: Carl Sandburg, English, Rainer Maria Rilke, Spanish, ZP Translator: Alexander Best Comments Off on Carl Sandburg y Rainer Maria Rilke: poemas otoñales
Carl Sandburg
Autumn Movement
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I cried over beautiful things knowing no beautiful thing lasts.
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The field of cornflower yellow is a scarf at the neck of the copper
sunburned woman, the mother of the year, the taker of seeds.
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The northwest wind comes and the yellow is torn full of holes,
new beautiful things come in the first spit of snow on the northwest wind,
and the old things go, not one lasts.
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Carl Sandburg (1878-1967)
Movimiento Otoñal
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Yo lloraba sobre bellas cosas, sabiendo que nada dura que es bella.
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El campo de aciano amarillo es un paliacate
en el cuello de la mujer de piel cobriza y quemada por el sol;
ella es la madre del año y la tomadora de semillas.
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El viento noroeste llega, y el amarillo está rasgado y lleno de rotos;
nuevas cosas bellas viene con el primer escupitajo de nieve en ese viento noroeste;
y las viejas cosas se van – ninguna dura.
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Rainer Maria Rilke
Autumn
.
The leaves are falling, falling as if from far up,
as if orchards were dying high in space.
Each leaf falls as if it were motioning “no.”
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And tonight the heavy earth is falling
away from all other stars in the loneliness.
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We’re all falling. This hand here is falling.
And look at the other one. It’s in them all.
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And yet there is Someone, whose hands
infinitely calm, holding up all this falling.
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Rainer Maria Rilke (1875-1926)
Otoño
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Caen las hojas, caen desde alto – o parece,
casi como huertos murieron muy alto en el cielo.
Cada hoja cae como hacer gestos de “No”.
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Y esta noche la tierra pesada está cayendo
lejos de las otras estrellas en la soledad.
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Nosotros todos, estamos cayendo; aun cae mi mano.
Y mira a la otra; está dentro de todos – ello.
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Pero todavía hay Alguien…y sus manos son
infinitamente calmadas, sosteniendo todo este “cayendo“.
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Edna St.-Vincent Millay: “El Mundo de Dios”
Posted: October 8, 2015 Filed under: Edna St.Vincent Millay, English, Spanish, ZP Translator: Alexander Best Comments Off on Edna St.-Vincent Millay: “El Mundo de Dios”Edna St.-Vincent Millay (1892-1950)
El Mundo de Dios (1917)
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Ah Mundo, ¡no puedo abrazarte bastante íntimo!
¡Tus vientos, tus cielos amplios y grises,
Tus neblinas que rodan y suben!
¡Tus bosques, este dia de otoño, que se ansían, que se hunden,
y que lloran con color! ¡A machucar ese peñasco sombrío!
¡A levantar la cuesta de ese risco negro!
Mundo, mundo, ¡no puedo agarrarte bastante cerca!
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Largo tiempo es que conozco una gloria en todo esto.
Pero nunca comprendo algo;
que aquí existe un gran ardor – me estira en piezas.
Señor, tengo miedo de un dato:
Has hecho el mundo en este año demasiado bello.
Mi alma está fuera de mí;
Que caiga ninguna hoja llameante;
Te suplico – que no canten los pájaros.
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Edna St.-Vincent Millay
God’s World
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O world, I cannot hold thee close enough!
Thy winds, thy wide grey skies!
Thy mists, that roll and rise!
Thy woods, this autumn day, that ache and sag
And all but cry with colour! That gaunt crag
To crush! To lift the lean of that black bluff!
World, World, I cannot get thee close enough!
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Long have I known a glory in it all,
But never knew I this;
Here such a passion is
As stretcheth me apart,—Lord, I do fear
Thou’st made the world too beautiful this year;
My soul is all but out of me,—let fall
No burning leaf; prithee, let no bird call.
. . . . .
El Salvador: una breve muestra de sus poetas nacidos en los años 70 y 80
Posted: September 16, 2015 Filed under: Spanish Comments Off on El Salvador: una breve muestra de sus poetas nacidos en los años 70 y 80Lya Ayala (1973)
Innombrable
.
Amanecen en la tarde
los sueños dormidos
recordando las ventanas de arena
los gritos entre las olas
cambiando levemente ante mis ojos
el azul por verde
el sol verde, la luna verde
calladas las nubes son un tiempo de ecos
la soledad pequeña dulce transparente
soledad de los rincones
Todas las sombras que conocí entonces
se llamaban de esa manera
volaban como algas en las manos
Allá lejos
el ruido rozaba el muelle
y el muelle escuchaba.
. . .
Medio segundo
Pobladores de hojas
crean abismo
seres blancos y sin miradas
Podría ser la caballería del siglo esplendoroso
Ricardo observando desde su torre
el oscuro bosque
he visitado su castillo
sostenido una lanza en vestido ocre
y un idioma de metal entre los labios
Podría ser la cruz entre las costillas
A Él llegue a amarlo
Aquella tarde vi mi rostro entre sus manos
Sospechaba haberlo visto antes
ahora navego
busco el paraíso en las Indias.
. . .
Soledad
.
Árboles de agua
entran por la ventana
tiritando se acuestan sobre la cama
el piso remueve la historia,
hay una taza, un libro, una llave
los zapatos se angustian
y acuden a la entrada
la puerta es incierta
el techo calla
Un río de árboles respira
en mi almohada
y la noche escucha,
mi noche sin sombras
sin truenos
sin fantasmas.
. . .
Roxana Méndez (1979)
Sentada en la estación
.
Sentada en la estación
de algún invierno,
siento como el silencio
me alcanza y me rodea…
.
De los vagos rincones
veo salir siluetas…
.
Siluetas que transportan
neblina entre los dedos…
Rostros que no he observado
y voces que no entiendo…
.
Siguen, siguen llegando
continúan saliendo…
.
Vienen hasta muy cerca:
me cantan al oído
melodías nocturnas
que me saben a mar,
a marismas, a viento,
.
a lugares antiguos
donde nada es real,
a luz cálida y suave,
y frases pronunciadas
en un tiempo remoto
con lenguajes de sal…
.
Oscurece otra vez
me levanto, camino,
y el sendero que tomo
se torna más sombrío.
.
Camino en la penumbra…
Atrás, el cielo azul,
no encuentra ningún sitio.
. . .
Duke Mental (1979)
La Carta (un fragmento)
.
De verdad que quiero escribir una carta
que llegue un día a tus manos
y no sean noticias mías ni de mi ciudad
quiero escribir una carta que cuente uno a uno mis golpes en la cabeza al respirar
pero quien cuente los golpes sea el aliento que respiré y el viento que atraviesa mis
pulmones inflamados de tanto tóxico
tan tóxico que todos llevamos muertos en la espalda tan solo por llevar sus nombres en nuestros documentos
nombres que ensucian los muros más libres de estas venas estridentes con códigos y rimas que solo consiguen hacernos inmune al dolor
nombres que pueda descifrar tanta muerte entre tanto silencio
que brota entre tanta tierra y tanta noche.
Ojalá un día pueda escribir los golpes que me dio la neblina
y que el día que pueda escribir esta carta
no seas vos ni yo el finado que diga:
No hay mayor acto criminal en estos días que se pueda inventar en este mundo
que hacer sonreír entre tanto llanto.
. . .
Tomás Andreu (1980)
Somos efímeros
.
Somos efímeros:
un relámpago en medio de la noche
sería más longevo que toda nuestra existencia
y el fulgor de una hebra de tabaco,
ardería más que todos nuestros sueños.
.
Somos decadentes:
un perro putrefacto bajo el sol del mediodía
sería un surtidor benevolente de retribución a natura
y sería algo nuevo bajo el sol
más que todo el fruto de nuestras manos.
.
Somos pequeños:
una ola del azul y profundo mar
sería más esbelta que nuestras ideas
y en la solaz orilla de la playa,
un nombre sobre la arena llegaría
lento al olvido, después del nuestro.
somos desolación:
el yermo Sahara en su vasta soledad
sería más fértil que nuestro enjambre de esperma
y la infinita arena que el sol hace relampaguear
perviviría más que toda nuestra descendencia.
.
Somos efímeros,
somos decadentes,
somos pequeños,
somos desolación.
somos el poema que nadie acaba.
Róger Guzmán (1981)
Un roce de tu aliento
.
La niña de los pies sensuales quiere caminarte hasta el último sudor
Te dibuja una sonrisa con sus fotografías Te masturba las manos con tus ojos
Tatúa sus piernas en tus pupilas Te quiere dar un beso
La niña que traga tus problemas y defeca soluciones contra el mal aliento
Contra el cabello despeinado los dientes amarillos y las axilas mal olientes
Quiere sembrar sus viñas en la tierra de tus uñas
Quiere extraer los minerales de tus bolsillos
Quiere tomarte la sangre para fabricar caramelos
Te quiere desnudo
Para hacer realidad todas tus fantasías
Querés que te hable como un predicador que cree en Dios para creerse dios
Querés que te escupa y te grite mundano
Que te anuncie el fin del mundo y del centro del universo
Querés sentirte especial animal como todos los animales
Sentirte más necesario que la lombriz o la mariposa
Sentirte la cura gran enfermedad entre las enfermedades
Sólo querés abrigo animal desabrigado
. . .
Laura Zavaleta (1982)
Mujer y Muerte
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Querida: Los segundos sin permiso, pasan
y todo es estrujado acá dentro.
En la cabeza cargo un nudo de inviernos y sólo digo:
Cómo vas conduciendo la noche mientras desciende
de mí, este largo hilo de hormigas
todas, con tu cabeza de diosa;
con tu crueldad de animal insondable.
Sobre mí hay un dedo infinito
que se desliza y dibuja en mi arena
la forma de un mar que devora y arrastra,
y camina desesperadamente hambriento,
y es una serpiente inmensa que muerde mis talones.
Y no hay nadie
que cierre los ojos por mí.
Y el aliento, la música y la lámpara
son solo ilusión y nada pesa.
Sigue y camina tu abrazo,
en la transpiración, ésta, de realidades
yo solo guardo un sabor de niebla en la boca.
. . .
Las noches en un balcón del Virreyes
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Si el hotel no existe, estoy suspendida en el aire.
Mi hueso atrapa el frío y la catedral se hunde.
De los carros y los taxis verdes,
el denominador común son las estrellas
pegadas al asfalto.
En el estómago duele la noche y la luz asalta.
Los muros son colmenas tatuadas
por animales prehistóricos.
Yo sólo conozco la historia que imagino:
toco la pared y los museos engullen el asombro.
Beso los cuerpos, las huellas de los cuerpos;
los exprimo como frutas celestiales.
Cierro los ojos.
Yo te miro a vos, a quien adoro.
A lo lejos, como yo, prendido del aire.
Ese es el veneno, mirarte mientras conozco,
colgado de una nube rota o fantasmal,
en una ciudad que me traga.
Se respira agua, agua respiro,
y hay un placer que flota más allá de los rostros
y sobre las arrugas.
Qué frío hace y yo soñando agua entre mis manos pequeñas.
Esas, donde cabés milimétrico a pesar del nubarrón
y la ciudad oscura a pesar de la altura de
este sueño amniótico.
. . .
Rebeca Henríquez (1982)
Jardín de Bonsáis
.
Nunca olvido a la muerte.
Es un cascabel que repica en la punta de mi melena,
la cual se alarga con los años hacia la cuenca terrosa del sepulcro.
Y no es que esté inmersa en mi hechura:
es que yace junto a mí,
se adecúa a la furia del estío en los recovecos de mi piel
y se acurruca en el centro de mi pecho como un murciélago sombrío.
La muerte siempre está conmigo.
Y puesto que la memoria es una repisa atestada de films inapreciables,
ordenados en una trastienda
donde sólo el murmullo de los gorgojos
podría cuestionar con agujeros su existencia,
así la muerte,
con sus atuendos extravagantes,
está apilada en las celdas acuosas de mi recuerdo.
.
Allá,
en algún jardín memorial,
un celador recoge los ramos marchitos de los mausoleos
y los extiende sobre un sillón agradable.
Sabe que la muerte es nada,
tanto como yo sé que con el tiempo
los troncos de un roble diminuto
se inclinarán hacia mis labios
para adornar la estrechez del jardín
donde la muerte
es un cascabel que repica en la punta de mi melena.
. . .
Luis Borja (1985)
El pómulo abierto
.
He aquí el pulso de un beso de pólvora
La herida abierta de una caricia
La delgada sonrisa de un disparo
Con el pómulo abierto acaricio el nombre de las agonizantes horas que me quedan:
“Madrecita, perdóname por mi vida loca.”
Son pocas horas madre las que me quedan
Son pocas horas las que acaricio tu rostro viejo
Tu rostro cansado y deshojado:
“Madrecita, perdóname por mi vida loca.”
Pero el barrio es igual a tu nombre
Es la santificación de un beso
Es el refugio de un niño moribundo
Es la señal de que aún existo
Es la gana de encontrarle sentido a mi nombre
Es la sábana de mis días benditos, madre
Con el pómulo abierto y la boca electrizada sé que agonizo
Pero no me llore ruquita que la sangre se me dilata al verla
Se me dilata la sonrisa de niño perdido
Y al verla llorar sé que está llegando la hora:
“Madrecita, perdóname por mi vida loca.”
No me niegue la atroz caricia ni el beso en la frente
No crea que nunca supe la soledad que le cause en el alma
Su asediada voz se me hizo un rosario en el pecho
Tengo el pómulo abierto y la lengua dormida
Llegó la hora ruquita
Deme el beso de buenas noches.
. . . . .
El Salvador: una breve muestra de sus poetas nacidos antes de 1930
Posted: September 15, 2015 Filed under: Claudia Lars, Hugo Lindo, Matilde Elena López, Serafín Quiteño, Spanish Comments Off on El Salvador: una breve muestra de sus poetas nacidos antes de 1930Claudia Lars (1899-1974)
Poeta soy
(para María y Mariano Coronado)
.
Dolor del mundo entero que en mi dolor estalla,
Hambre y sed de justicia que se vuelven locura;
Ansia de un bien mayor que el esfuerzo apresura,
Voluntad que me obliga a ganar la batalla.
Sueño de toda mente que mi mente avasalla,
Miel de amor que en el pecho es río de dulzura;
Verso de toda lengua que mi verso murmura,
Miseria de la vida que mi vergüenza calla.
Poeta soy… y vengo, por Dios mismo escogida,
A soltar en el viento mi canto de belleza,
A vivir con más alto sentido de nobleza,
A buscar en la sombra la verdad escondida.
¡Y las fuerzas eternas que rigen el destino
Han de volverme polvo si equivoco el camino!
. . .
Dibujo de la mujer que llega
.
En el lodo empinada,
No como el tallo de la flor
y el ansia de la mariposa . . .
Sin raíces ni juegos:
más recta, más segura
y más libre.
.
Conocedora de la sombra y de la espina,
Con el milagro levantado
en los brazos triunfantes.
Con la barrera y el abismo
debajo de su salto.
.
Dueña absoluta de su carne
para volverla centro del espíritu:
vaso de lo celeste,
domus áurea,
gleba donde se yerguen, en un brote,
la mazorca y el nardo.
.
Olvidada la sonrisa de Gioconda,
Roto el embrujo de los siglos,
Vencedora de miedos.
Clara y desnuda bajo el día limpio.
.
Amante inigualable
en ejercicio de un amor tan alto
que hoy ninguno adivina.
Dulce,
con filtrada dulzura
que no daña ni embriaga a quien la prueba.
.
Maternal todavía,
sin la caricia que detiene el vuelo,
ni ternuras que cercan,
ni mezquinas daciones que se cobran.
Pionera de las nubes.
Guía del laberinto.
Tejedora de vendas y de cantos.
Sin más adorno que su sencillez.
.
Se levanta del polvo . . .
No como el tallo de la flor
que es apenas belleza.
. . .
Gilberto González y Contreras (1904-1954)
Perfección Difícil
.
Cuerpo de bien pulido y fino acero
Para lides de amor…delicia de ala
tendida de la rosa hacia el lucero
como inefable y luminosa escala.
.
Cuerpo que es la palestra de un sincero
combate por la gracia que se exhala
de ti, como un aroma placentero
del aire claro y de la noche gala.
.
Ala de mármol, rosa de alabastro
en el amor girando como un astro
que el pliego oscuro de la noche signa.
.
Difícil perfección de la ternura
animadora de tus ojos, pura
llama inasible del eterno enigma.
. . .
Tres “Hai-Kai”
.
Atarraya
.
El pescador violento
ha roto contra el faro
la atarraya del viento.
.
Sapos
.
Impresores los sapos
editan en la noche
la afonía de un pian.
.
Nido
.
Para que el sol haga nido
la tarde – muy atareada –
lleva nubes en el pico.
.
(1938)
. . .
Serafín Quiteño (1906-1987)
Auto-Retrato
.
Un soplo…una inquietud…un fiel quebranto…
Un dolor…un fervor…una tristeza…
Una vieja emoción mojada en llanto…
Una alta devoción por la belleza.
.
El mirar, un si-es no-es irrelevante
y la boca, de lúbricos antojos…
Un poco de Beethoven en la frente,
Un poco de Ben Turpin en los ojos.
.
Ensueño claro, la piedad, sincera;
la figura de trágicos asombros
– un poco yogui, un poco bandolera –
lleva la faz como una calavera
pávida y espectral sobre los hombros.
.
Así, en múltiples vinos encontrados
– el pecado, el hombre y el poeta –
si Chaplin por los pies invertebrados.
Quijote por el alma tan inquieta.
.
Como potros retintos
ebrios de la ardentía de la vida
se le huracanan, briosos, los instintos
y se le van piafando en cada herida.
.
Pero en toda ilusión y en toda pena
canta su corazón – fácil allegro –.
Su alma criolla es un ánfora morena
rebosando un licor de café negro.
.
Y esta es la vera efigie y sin embargo
bien vale el cuadro el agregarle un poco:
cabello crespo y largo – no muy largo –
la fe infantil, el pensamiento loco,
labios de sonreír blanco y amargo
y los dientes de “jícama” y de coco.
.
¿El nombre? Una celeste melodía.
¿El apellido? Abrupto como un leño.
Pero él lleva los dos con gallardía.
.
El uno, porque es plácida ironía.
El otro, porque rima con ensueño.
Y no le importa nada y nada espera
porque le basta y sobra su alegría
donde hasta el mal se toca de armonía
y la última aventura es la primera.
. . .
Hugo Lindo (1917-1985)
Sonetos
.
Él se escuda
.
Acercaba los ojos a la grieta
para atsibar lo que hay detrás del muro,
y en hálito de miedos, inseguro
soplaba en sus impulsos de profeta.
.
Afirmaba. Negaba. Jamás inquieta
fue la pregunta en su silencio oscuro:
todas las acechanzas del futuro
eran contradicción para el poeta.
.
Se agitaban pendones de justicia,
se afirmaba el amor, más no era cierto,
y se hablaba de paz con impudicia.
Sobre la sangre del hermano muerto
Dirán que es evasión; pero él se escuda
en los secretos meandros de la duda.
.
(San Salvador, agosto de 1984)
. . .
No les pidáis virtud
(Religión no es para los vientres vacíos. – Vivekananda)
.
No coma no pidáis virtud en donde apenas
llegó un reflejo inútil de esperanza,
porque ya la virtud no los alcanza
en la atroz servidumbre de sus penas.
El desaliento cruza por las venas,
el egoism los clavó en su lanza,
y entre el hombre, el pavor y la matanza
creció la lividez de sus gangrenas.
Fuimos nosotros quienes les mataron
la luz, con soplo sin misericordia,
y llenaron sus pechos de ceniza,
quienes los redijeron y humillaron
plantado una tiniebla de discordia
que hoy nos sorprende y nos aterroriza.
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(San Salvador, septiembre de 1984)
. . .
Los Apegos
.
Se ha coronado lo que estaba escrito
en la cartografía de las manos
y cada vez se encuentran más cercano
los límites del viaje que transito.
.
¡Y aún no acaba el penar del apetito
de sensaciones y de apegos vanos
que atan mi realidad, a los profanos
instantes de lo frágil y finito!
¿Cómo romper el hilo traicionero,
el encanto del ojo en el paisaje,
del oído en el trino del jilguero?
¿Cómo olvidar el tacto y su mensaje,
el gusto leve y el olfato artero,
para llegar al fin sin equipaje?
.
(San Salvador, agosto de 1984)
. . .
Oswaldo Escobar Velado (1919-1961)
Romance de las Dos Mujeres
.
Valiente la Policía.
Orden de los coroneles.
En los días más amargos
Mataron a dos mujeres.
.
Fue enero de alas trágicas
Y carnes asesinadas.
Las dos muerieron muy solas.
Ninguna tenía un arma.
.
Valiente la Policía.
Orden de los coroneles.
En los días más amargos
Mataron a dos mujeres.
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Por Altagracia Calil,
vinieron ángeles raros.
Ángeles de ojos profundos
al cielo se la llevaron.
.
Por Adelina Sunción
vinieron ángeles nuestros.
Ángeles puros de barro
para la Mártir del Pueblo.
.
Heroínas populares
duermen su sueño celeste.
Desde que ustedes murieron
se hizo más grande la muerte.
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De: Árbol de lucha y esperanza (San Salvador, 1951)
. . .
Matilde Elena López (1919-2010)
Ternura
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Gimió todo tremante
el árbol mutilado.
De todos los tajos de la vida
¡Malherido de muerte!
.
A la raíz llegó
el finísimo acero
y pareció derrumbarse.
.
¿De dónde sacó fuerzas
si llegó a lo sensible,
si no quedaba nada?
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¡Ya lo daban por muerto!
La enterrada raíz
tembló toda por dentro,
se estremeció hasta el fondo.
.
Hasta que un día
ojos que te amaron tanto
salieron a mirarte
en los tiernos retoños.
.
¿Qué fuerza tanta
acumuló el dolor
en la oscura raíz
para que soterrada
vinieran empujándola
brotes reverdecidos
de indefensa ternura?
. . .
Cielo Escondido
.
Me ofreces ese cielo
Que no alcanzo.
Serio me dices
Que te dé la mano.
¡Mucho tendremos que luchar
por ese cielo!
Porque ¡dímelo tú,
Si vendes ese cuadro!
¿Nos podría alcanzar
para ese sueño?
Y si vendo mis libros,
¿tú qué dices?
¿Podrán tus manos
alcanzarme el cielo?
. . .
Simplemente nosotros
.
Cuando la huella
De tu pie
Cubra la mía
Y nuestros pasos
Sigan el mismo
Sendero.
Cuando la brisa
De la noche
Nos envuelva
En una sola
Gasa.
Será hermoso ver
Cómo tu sombra
Protege
Mi pequeña sombra.
Entonces llegarán
Las olas del tiempo
Que habremos resistido
Como un trigo en el peso
De la misma espiga…
Y ya no seremos
Tú y yo
Sino sólo
Nosotros…
Simplemente:
Nosotros.
. . . . .
Lorine Niedecker: “Trabajo del Poeta”
Posted: September 7, 2015 Filed under: English, Lorine Niedecker, Spanish, ZP Translator: Alexander Best | Tags: A poem for Labour Day, Poema para El Día del Trabajo (primer lunes de septiembre) Comments Off on Lorine Niedecker: “Trabajo del Poeta”
Lorine Niedecker (Wisconsin, EE.UU., 1903-1970)
Trabajo del Poeta
.
El abuelo me aconsejó:
Aprende una destreza técnica – algo práctico.
.
Pues aprendí como sentarme detrás de un escritorio
– para resumir la vida.
.
¡No hay despido de esta fábrica de reseña y síntesis!
. . .
Lorine Niedecker (1903-1970)
Poet’s Work
.
Grandfather
advised me:
Learn a trade.
I learned
to sit at a desk
and condense.
No layoff
from this
condensery.
. . . . .








